Salmo 22 y su significado

 

Interpretación del Salmo 22

El Salmo 22 es conocido como uno de los salmos más proféticos y mesiánicos del Antiguo Testamento. Este salmo fue escrito por el rey David y en él se encuentra una descripción detallada de los sufrimientos y la muerte del Mesías.

En este salmo, el autor expresa su angustia y su sensación de abandono por parte de Dios. Sin embargo, a pesar de su desesperación, David confía en la fidelidad y el poder de Dios para rescatarlo. El salmo muestra cómo, a través de la adversidad, el autor clama a Dios y se aferra a la esperanza de ser rescatado.

El Salmo 22 también contiene varias profecías que se cumplirían en la vida de Jesús. Por ejemplo, en el versículo 1, David exclama: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?«. Estas mismas palabras fueron pronunciadas por Jesús en la cruz, revelando así su identificación con el sufrimiento del Mesías.

Además, el Salmo 22 describe la crucifixión de manera sorprendentemente precisa. En los versículos 16 y 17, se menciona la perforación de manos y pies, así como la división de las prendas de vestir. Estas mismas circunstancias se cumplieron en la crucifixión de Jesús, lo que muestra cómo este salmo anticipa su muerte y su obra redentora.

El Salmo 22 es una poderosa expresión de la fe y la confianza en Dios en medio del sufrimiento. También es una profecía sorprendente de los eventos que rodearían la crucifixión de Jesús y su obra salvadora. Este salmo nos recuerda la importancia de aferrarnos a la esperanza y confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros de nuestras vidas.

 

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Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti confiaron nuestros padres; Confiraron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Pero yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba en los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca, como león rapaz y rugiente. Como agua estoy derramado, y todos mis huesos se descoyuntaron; Como cera se derritió mi corazón en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león, Y líbrame de los cuernos de los unicornios. Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. Vosotros que teméis a Jehová, alabadle; Glorificadle, descendencia toda de Jacob, Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó. De ti será mi alabanza en la gran congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los humildes, y serán saciados; Alabarán a Jehová los que le buscan; Vivirá vuestro corazón para siempre. Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. Porque de Jehová es el reino, Y él regirá las naciones. Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra; Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo, Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma. La posteridad le servirá; Se hablará del Señor a la generación venidera. Vendrán, y declararán su justicia; A pueblo no nacido aún, declararán que él hizo esto.
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