Salmo 34 y su significado

Interpretación del Salmo 34

El Salmo 34 es un himno de alabanza y confianza en Dios en medio de la adversidad. En este salmo, el salmista expresa su gratitud y su fe en el Señor, quien siempre está cerca de aquellos que le temen y les rescata de todas sus aflicciones.

El salmista invita a otros a unirse a él en la alabanza al Señor y a buscar refugio en Él. Reconoce que el Señor es bueno y que bendice a aquellos que confían en Él. El salmista recuerda cómo el Señor le ha librado en el pasado y le ha respondido en sus momentos de necesidad.

El salmo 34 está incluido dentro de los conocidos como salmos de prosperidad y abundancia. Veamos por tanto el significado de este salmo.


¿Qué nos enseña el Salmo 34?

En el Salmo 34 se nos enseña que el temor al Señor es el principio de la sabiduría y que aquellos que buscan al Señor no carecerán de nada. El salmista nos anima a huir del mal y a hacer el bien, a buscar la paz y a seguir la justicia.

Confianza en el Señor en todo momento

El Salmo 34 nos enseña a confiar en el Señor en todo momento, a buscarle y a alabarle, sabiendo que Él nos protege y nos bendice. Nos recuerda que en medio de las dificultades, el Señor está cerca y nos sostiene.

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Así que, cuando enfrentemos momentos difíciles, recordemos el mensaje de este salmo y pongamos nuestra confianza en el Señor. Él nos escucha, nos ayuda y nos brinda su amor y protección. Sigamos su ejemplo y busquemos siempre su presencia, confiando en que Él nos guiará y nos sostendrá en todo momento.

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Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca. En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se alegrarán. Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre.

Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias.

El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él. Temed al Señor, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen.

Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún bien. Venid, hijos, oídme; el temor del Señor os enseñaré.

¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?

Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela. Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus clamores.

La ira del Señor está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos. Claman los justos, y el Señor oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.

Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará el Señor. El guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado.

La maldad matará al impío, y los que aborrecen al justo serán condenados. El Señor redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían.

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