Salmo 101 y su significado

 

El Salmo 101 es un llamado a la integridad y a la justicia en la vida de aquellos que desean vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios. Es un salmo que busca guiar a las personas en el camino de la rectitud y la honradez, mostrando la importancia de vivir de manera íntegra y justa en todas las áreas de la vida.

En este salmo, el salmista expresa su compromiso de vivir una vida recta y justa delante de Dios y de los demás. Reconoce la necesidad de ser cuidadoso en sus acciones y decisiones, y muestra su deseo de apartarse de todo lo que sea malo o perverso.

Compromiso con la integridad

El salmista nos enseña la importancia de ser íntegros en nuestra vida diaria. Esto implica actuar con sinceridad, honestidad y transparencia en todo lo que hacemos. Ser íntegros significa ser coherentes entre nuestras palabras y nuestras acciones, viviendo de acuerdo a los principios y valores que Dios nos ha enseñado en su Palabra.

Rechazo a la maldad

En el Salmo 101, el salmista muestra su rechazo hacia la maldad y la injusticia. Declara su deseo de apartarse de aquellos que practican el mal y se aleja de las acciones perversas. Este salmo nos invita a ser selectivos en nuestras amistades y a evitar cualquier asociación que nos aleje de la justicia y la rectitud.

Justicia en nuestras relaciones

El salmista también expresa su compromiso de ser justos en sus tratos con los demás. Reconoce la importancia de tratar a cada persona con imparcialidad, sin mostrar favoritismos ni discriminación. Este salmo nos anima a ser justos en nuestras relaciones, tratando a los demás con respeto, amor y compasión.

Vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios

El Salmo 101 nos enseña la importancia de vivir una vida íntegra y justa delante de Dios y de los demás. Nos anima a ser cuidadosos en nuestras acciones y decisiones, a tratar a cada persona con imparcialidad y a apartarnos de todo lo que sea malo o perverso. Es un salmo que nos invita a vivir en conformidad con los mandamientos de Dios, buscando siempre la justicia y la rectitud en todas nuestras relaciones y acciones.

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Salmo 101

1 Oración del afligido, cuando está abrumado y derrama su queja delante de Jehová.

2 Oh Jehová, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.

3 No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; inclina a mí tu oído; apresúrate a responderme el día que te invocare.

4 Porque mis días se han consumido como humo, y mis huesos como tizón están quemados.

5 Como la hierba está cortada, y se seca la flor, así también perecen nuestros días.

6 Delante de ti están mis gemidos, y mi angustia no está oculta de ti.

7 Mi corazón está herido y seco como la hierba, por lo cual me olvido de comer mi pan.

8 Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne.

9 Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el búho de las soledades.

10 Velando estoy, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.

11 Todo el día mis enemigos me han escarnecido; los que se han burlado de mí han jurado contra mí.

12 Porque he comido ceniza por pan, y con lágrimas he mezclado mi bebida,

13 A causa de tu enojo y de tu ira; pues me alzaste, y me has arrojado.

14 Mis días son como sombra que se va, y me he secado como la hierba.

15 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación.

16 Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado.

17 Porque tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión.

18 Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria;

19 Porque Jehová habrá edificado a Sion, y en su gloria será visto.

20 Se volvió a las oraciones de los desvalidos, y no desechó sus oraciones.

21 Esto se escribirá para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a Jehová.

22 Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra,

23 Para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte;

24 Para que publique en Sion el nombre de Jehová, y su alabanza en Jerusalén,

25 Cuando los pueblos se congreguen juntamente, y los reinos, para servir a Jehová.

26 El debilitó en el camino mi fuerza; acortó mis días.

27 Dije yo: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; por generaciones de generaciones son tus años.

28 Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.

29 Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados;

30 Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.

31 Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia será establecida delante de ti.

 

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